Reframing: cambiando el color del cristal con el que miramos la realidad

📆 3 de noviembre de 2019 | 📖 2 minutos |

La vida casi nunca es como esperamos. Ni siquiera se parece a cómo nos gustaría que fuese. Esto se debe, en cierta parte, a cómo asimilamos la realidad.

Algo que últimamente aparece en los podcasts que escucho es el tema del cognitive reframing. En pocas palabras, consiste en reinterpretar de forma intencionada la realidad. Con esto se consigue no sucumbir a los pensamientos negativos que suelen ser los primeros en hacerse cargo de nuestra mente.

Eso no quiere decir que haya que convertirse en optimistas capaces de sacar lo positivo de cada experiencia vital, por dura que esta sea. La cuestión es racionalizar las experiencias y analizarlas de forma que se pueda sacar algo positivo, que puede variar desde un aprendizaje hasta evitar pensamientos destructivos.

El caso es que, hasta hace poco, no había tenido la posibilidad de experimentar en persona esto del reframing. Pero, hace unos días, tuve un incidente leve en una rotonda. La culpa fue mía. Así que me tocó hacerme cargo de la reparación de los daños en mi vehículo. Tras un primer vistazo al presupuesto, me sentí fatal. En una situación en la que esos gastos pesan como una losa la sensación de culpa se acrecienta. Por ir con más prisa de la cuenta, mi presupuesto mensual se iba a resentir notablemente.

Ahora es cuando empiezo a introducir el reframing. En realidad, no se puede decir que sea un mal conductor. Este ha sido el primer incidente en el que he tenido la culpa en los más de 20 años que llevo conduciendo. Por otra parte, desde que cambié el seguro de mi coche de todo riesgo a terceros he dejado de gastar una gran cantidad de dinero. Los cálculos arrojan un claro saldo a mi favor.

Bien, en vez de seguir dando vueltas al tema de haber hecho algo mal, lo que tengo claro es que puedo cometer errores de ese tipo. Forma parte del riesgo de ser conductor. Y si cometo otro error no tengo por qué dejarme llevar por las connotaciones negativas de esos errores.

Otra cosa que he sacado en claro, aparte de lo de cambiar la perspectiva, es que en las rotondas, no importa lo absurdo que pueda ser, hay que ir siempre por el carril exterior. Así, da igual que vayas con los ojos cerrados o admirando el paisaje, la responsabilidad del accidente no será tuya.

Un saludo y prudencia al volante.

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